jueves, 29 de agosto de 2013

No me llamen Nai Nai, llámenme Louis Vuitton

Martes, 7:30 de la mañana y suena el despertador. Lo primero es mirar por la ventana porque después de la jornada lluviosa del día anterior ansiaba ver el suelo seco, pero no sólo vi eso. El horizonte limpio, sin nubes y con el sol brillando ya desde la mañana, hay que tener en cuenta que aquí amanece hacia las 4:30.
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Menuda diferencia ¿eh? se ve el hutong, la Ciudad Prohibida y a lo lejos Beihai Park. Ducha de rigor y a las ocho desayuno, el menú era el mismo que el del día anterior por eso hoy no hay foto. Tras el desayuno subimos a por los libro y a clase. Se puede ir por la calle grande o por el hutong, os adjunto el mapa.
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En el segundo día de clase, sin lluvia que impida la visión del camino a la escuela, demuestra que estamos rodeados de pequeños puestos de comida donde comprar melón o un baozi, y también de pequeños puestos de souvenirs.
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La profesora nos mete caña, pero lo cierto es que con ella aprendemos mucho aunque de vez en cuando nos mezcla el chino con el ingles y nos cuenta historias de la China tradicional como los 26 metros que mide el Buda del Templo de los Lamas o que en chino, idiota/estúpido se dice (er bai nu) que viene a ser algo similar a 250 y hace referencia a una historia de traiciones entre pueblos hace cientos de años.
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Esta profesora también nos cuenta que la polución es buena, creo que es la primera persona a la que le oigo decir eso, y alega que la capa de mugre que suele cubrir los cielos de Beijing ejerce como capa aislante y protectora del los ciudadanos. y en conclusión nos comenta que en 2050 habrá más cáncer en Australia y África que en toda China.
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Os he hablado de mis compañeros, pero no de las clases, por eso os dejo unas fotos del lugar donde aprendemos chino todos los días. Cuatro mesas colocadas a modo de cuadrado, sillas con cojines y suaves cortinas que se mueven. Ah y lo más importante Aire acondicionado. 
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La mesa de la profesora, frente a la pizarra y el orden de sentarse es el siguiente: Eliza, Rèka,Carolina, María, Eléonore, Alexander, servidora, Michela y Janette. Os dejo algunas fotos más de clase.
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Como podéis ver el agua no falta en clase, cada uno tenemos nuestro propio suministro. Hace buen tiempo, se ve a través de las ventanas por lo que en el descanso podemos salir al jardín y hace calor, mucho calor. 
En el menú de hoy tenemos sandía (Xīguā-西瓜) deliciosa... y tofu claro está. Y tenemos planes para la tarde 'compras' en el mercado de las falsificaciones. Antes de llegar Carol y María enseñaron a Eliza algunas frases en castellano, entre ellas "Soy adicta a las compras". Hasta el mercado de la Seda vamos en metro, y hacemos un transbordo, María es la que tiene el plano garabateado y señalado de modo que la seguimos a ella con fe ciega porque es como los buscadores de tesoros que llevan ese papel arrugado con una X negra o roja sobre el lugar de destino.
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Tenemos de tiempo hasta las 17h, porque Carol y Eliza tienen que cenar a las 17:30, y hay muchas cosas de comprar. Véase: zapatos, bolsos (en mi caso un Salvarore Ferragamo divino por 50 yuanes, unos 5 euros,pero que seguro que en una tienda oficial tendría dos o incluso tres ceros), también compramos souvenirs, gafas y camisetas y Eliza realmente es la reina de las compras porque incluso al verla acompañarte a una tienda ya la miran raro diciendo ¡Oh no, otra vez tu!.
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El año pasado se llevaba la compra de auriculares beats, de esos que llevan los jugadores de fútbol que cobran sueldos con los que se podría erradicar el hambre en el mundo, también he comprado unos este año para mi hermano (dìdi-弟弟), pero como este año lo que se lleva son los speakers inalámbricos de la marca beats, nos compramos cuatro, sacando precio, claro está y con Carolina reptando por los mostradores de cristal buscando el color deseado.
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No es lo único que compramos porque, a petición de mi madre, voy a la zona infantil y voy a comprar dos (qípáo -旗袍) para Mei, y regateo, vaya si regateo. Al final debo regatear al límite porque la dependienta me llama "Española, tacaña'.
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Pero si hay algo que me ha quedado claro en esta visita al Silk Market es que tengo cara de Louis Vuitton. ¿Por qué?, tranquilos que os lo explico. Resulta que cuando tú vas entre los pasillos del market la gente te ofrece su producto claro y al pasar yo siempre me plantan en los morros bolsos, carteras y maletas de Vuitton y a la demás no. Conclusión debo de tener cara de consumidora acérrima de Vuitton o piensan que llevo la cartera muy llena porque de lo contrario no me lo explico.
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De vuelta al hotel nos bajamos en la estación de Wángfǔjǐng, está cerca del hotel y es una calle que por las noches se transforma. Pero no paramos para ir de visita por ella, lo hacemos porque cerca hay un centro comercial donde María, que no es muy dada a la comida china, ha encontrado una vía de escape a los problemas con la alimentación, si no tenemos en cuenta claro el supermercado DIA que hay a pocos metros del hotel donde nos surtimos de agua y fruta, hoy Pitahaya. El rincón del que hablo es una pastelería francesa y de camino a ella somos testigos en plena calle de atropello entre moto y peatón que acaba con amenazas, suegras desmayadas en el suelo, bebes llorando y propietarios de moto amenazando con el antirrobo de la mano en alto, nosotras claro mirando y Eliza diciendo una vez más su tán típico 'Spanish People'.
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Esta es la vista desde fuera de la pastelería, que en chino se dice (Gāodiǎn - 糕点). Creo que vamos a venir bastánte amenudo porque la verdad es que ya sólo pasar por delante de ella te hace la boca agua. Ves trabajar a los pasteleros en el interior del mismo modo que ves a los pizzeros preparar las masas y con esos pasteles que te llaman desde los estantes no puedes más que mirarles y prometerles: VOLVERÉ.
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Tienen página web, os dejo el link para que veáis las delicias que venden, entre ellas cositas saladas también no os penséis, pero creo que María estará conforme en que el puding de la botellita de cristal estaba divino y Carolina es más de tarta de queso.
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Con las provisiones en mano volvemos al hotel donde de nuevo ceno unos bāozi (包子) que compro a la mujer que los hace al lado del hotel, y de postre una pitahaya. El bāozi tenía sorpresa dentro.
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Después de cenar tenemos plan. Vamos a ir a (景山) Jǐngshān Park, que como todo, también tiene su historia. Es un parque que data de la dinastías Liao y Jin y se le denomina la Colina de la Prosperidad. Es artificial, ya que se hizo con la tierra que se escabó para la construcción de la Ciudad Prohibida y de los canales que la rodean.
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Con la guia en la mano y mientras esperamos a estar todas en la recepción del hotel María me comenta que se nos ha unido un mozo a la excursión, se llama Erik y es australiano, está de paso en Beijing y le apetece venir con nosotras. Pues vale que se venga, somos 4 contra 1.
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Erik en cuestión es el mozo de la riñonera que bebe agua en la foto de arriba, con su flequillo que guay soy y lo meneo cada vez que ando y ofreciendo en un inglés fácilmente entendible noches salvajes en Beijing a una de nosotras cuatro, pero tranquila que no diré quien a fin de conservar su privacidad.
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La entrada al parque nos cuesta 10 yuanes y está justo frente a la salida de la Ciudad Prohibida por lo que las vistas desde arriba prometen nada más entrar al recinto, donde hay varias mujeres que bailan, algo muy común en los parques de China al atardecer. Erik sigue queriendo llamar la atención y se une a las bailarinas y aunque lo hace fatal nadie le dice nada, a fin de cuentas aquí el bailar es libre.
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Y hay que subir, hasta lo alto y esta haciéndose de noche y los escalones son piedras puestas en el suelo y no hay farolas, pero si una barandilla entre la espesura, y claro, salen fotos como esta.
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Ya os había dicho que imaginaba que desde arriba las vistas iban a ser espectaculares y no nos equivocábamos porque este parque cierra a las 20h por algo, y ese algo son las vistas de la Ciudad Prohibida Iluminada.
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Pero no sólo son esas vistas las que la gente quiere ver. Arriba del todo de la colina, si madre llegue hasta arriba sin fenecer, bueno tal vez un poco por la falta de práctica, hay varios templos preciosos y en ellos hay decenas de personas armadas con trípodes y teleobjetivos para hacer fotos de atardeceres mágicos.
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Antes de bajar estuvimos esperando que se apartasen todos los fotografos para poder salir en una foto solas las cuatro, que nos hizo Erik el australiano, pero no pudo ser, porque tal y como queda claro en la imagen de abajo tuvimos un VISITANTE.
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Una vez inmortalizado nuestro logro tocaba bajar de ese templo con los techos preciosos, y dejar claro que al menos desde fuera, ya habíamos visitado la Ciudad Prohibida, o como la llamaba María "La Forbiden".
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