miércoles, 19 de febrero de 2014

Post Sumer Palace o el Bar de los lagartos vivos

Que escriba de pascuas a ramos no significa que tenga olvidado el blog, es simplemente que no tengo todo el tiempo que desearía,  y además me paso gran parte del día repitiendo 我很困 - Wǒ hěn kùn - Tengo Sueño. Es de lo primero que aprendí este año en clase, y me lo he aprendido de memoria no, lo siguiente.
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Dicen mis padres que podría dormirme en un palo e incluso que me puedo quedar dormida de pié. Lo cierto es que en ocasiones con tan solo cerrar los ojos dos minutos estoy bien, algo así como desconectar los hemisferios, o lo que es lo mismo emular a los delfines. Por tanto no debería extrañaros si cualquier día me encontráis así.
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Volviendo al tema que nos ocupa, que es seguir contando mis crónicas chinescas, habíamos quedado en que el capítulo de la visita al Palacio de Verano tendría una continuación porque claro que la hubo. 
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Como ya os conté habíamos quedado en el Lobby para visitar el Hutong. Carol y María ya habían ido pero me dijeron que era una maravilla y que estaban dispuestas a volver. La cena para Carol como siempre: 中国菜 - Zhōngguó cài - Comida China. Nosotras optamos por unos sandwich en los que se realizaba una oda a la cebolla - 洋葱 - Yángcōng. De hecho creo que aún me repite.
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Después de la cena bajamos la comida enseguida porque fuimos andando hasta el Hútòng - 胡同 (callejón). A paso lento, y con una noche que acompañaba... había hasta brisita.
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Ya comprobé el pasado año en Shanghai, aunque menos, que la gente baila en la calle sin problemas de vergüenza y que todo el que quiera unirse es bien recibido, aunque sea un zote en cuestiones de ritmo. En nuestro paseo de casi una hora vimos muchos grupos de gente bailando en la calle.
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Casi siempre sigue la misma pauta: Hay una moto o reproductor de CD en el que suena la música. A su alrededor decenas de parejas que siguen el compás y también varios turistas que miran con curiosidad, para qué vamos a negarlo, lo bien que lo hacen. Aquí os dejo un minivideo, no se ve muy bien y es algo corto, pero a modo de ilustración no está mal.
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Tras cruzar la calle la música de la radio, que sale de una moto, se mezcla con el bullicio porque SI, hemos llegado.
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Como podéis ver los farolillos rojos que a mí tanto me gustan ya nos recibían a la entrada donde Carol y yo nos inmortalizamos, bolso de Ferragamo de servidora incluido, para que después Carol descubriese unas botellas muy TOTALES...
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Nos apetecía tomarnos un algo y nos metimos en un bar que parecía muy cuco pero que tenía sorpresa. Se vendía como un bar con la naturaleza como tematica pero naturaleza viva y si no que se lo pregunten a María. Mientras llegabamos al local, unos momentos Made in Hútòng.
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No me digáis que el corte de pelo del muchacho no es lo más. Sigamos en el bar. Allí nos tomamos unos batidos, creo que de plátano y kiwi. El sabor está difuso porque nos dimos cuenta de que los peces koi y la tortuga de la entrada no eran los únicos animales que había por allí.
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Por las paredes había colocadas a modo de decoración lagartijas, pero no todas eran de arcilla o de plástico. ¿Cómo nos dimos cuenta? porque iban a su aire de allá por acá por las paredes con riesgo de caer sobre nuestro batido de plátano y darse un baño.
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Nos acabamos los batidos enseguida y volvimos poco a poco al hotel. Por el camino me compré una gorra para subir a la Gran Muralla al día siguiente, preciosa y descubrí que las medusas también se venden.
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Al llegar al hotel, ducha, y a dormir... el día siguiente prometía.

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