jueves, 2 de julio de 2015

Biberones, galletas y niños a los que abrazar

Tercer día en Xinxiang, hoy no llueve, pero mi indicador que es la ventana que hay en mi habitación me sirve para darme cuenta de que hay niebla. Eso o la polución que poco a poco está llegando a esta zona, aún China Rural, y digo aún porque las carreteras y autopistas no están muy llenas y son demasiado nuevas. Mi madre siempre dice que China está cambiando rápidamente, aquí parece que por el momento van despacio, pero ya veremos.
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Es la segunda jornada de orfanato, Sun viene a buscarnos una hora antes que ayer. Como llegamos tarde nos perdimos como una familia local adoptaba a un bebe. Nos dio pena pero pensamos que ya estaba con su familia. Se nota la humedad que hay el ambiente. 29 grados a las 8 de la mañana y subiendo. El viaje en furgoneta al orfanato siempre es diferente, porque la calle está llena de gente que sorprende como se salta las leyes de circulación a la torera, se pasea en bicicleta o incluso llega en furgoneta, para y se pone a arreglar un boquete. Así es este país.

Llegamos al orfanato y los peques nos reciben mientras Moya enseña las fotos que ha hecho a algunos de ellos. Salen con los brazos abierto a por nosotros. Somos como el juguete nuevo con el que todos quiere jugar y vigilándonos a nosotros y a ellas las 阿姨 – āyí – tías, que es como llaman a las cuidadoras que están pendientes de todo lo que pasa en esa habitación llena de juguetes y colores. Cada una tiene asignada a dos de ellos y no se les pasa una, pero nos dejan que les ayudemos cuando les dan de comer. Ellas nos invitan a hacerlo. Nos dan el bol y la cuchara de cada uno, lo tienen marchado igual que los biberones para que no sea todo un desbarajuste. Me acercan la comida de Kevin, que ha estado jugando conmigo esta mañana. Kevin tiene espina bifida, y es uno de lo mayores. Nunca podrá andar y parece que tampoco le adoptarán. El programa de La Habitación de Grace se creo para ayudar a encontrar un hogar a los niños con problemas y tratarlos hasta el momento de irse con su familia pero, aunque es triste, dentro del programa Cathy, Moya y Krista saben que la gente no adopta niños con problemas, quieren niños sanos y por su imposibilidad para andar Kevin no lo es. Me pregunto qué será de él a medida que crezca y CMK (en adelante será así como denomine a Cathy, Moya y Krista), tienen esperanzas de que encuentre su lugar.
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La hora de la comida no es un caos pero casi. Las āyí traen la comida y la van repartiendo de uno en uno, siempre hay alguno que va al olor de la de los demás y hay que andarse con mil ojos.
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Después de la comida Kevin, Jonas y Adam salen a dar un paseo. Les llevamos en carritos hasta los columpios, pero están mojado. No pasa nada, hay plan B. Esto es un complejo muy grande. Hay residencia de ancianos, otro orfanato para niños y jóvenes con discapacidad y también hay residentes que viven aquí, por lo que en esta mini urbanización hay un parque con un mini lago y garzas que escupen agua por el pico. La rutina es coger una piedra, dar la vuelta a la plaza y volver a la residencia pasando por delante de la estatua que refleja una āyí y un peque, aunque antes dejamos la piedra para el día siguiente o el que sea.
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Yo llevo a Jonas y al llegar me dicen que le toca sesión de rehabilitación. Jonas tiene cataratas y visión reducida no quiere soltarme y me dejan acompañarle. Allí la psicopedagoga le da una galleta. Primero evalúan como tiene las cuerdas vocales y le ponen una maquina que no le hace daño pero le asusta. Me coge el dedo con fuerza mientras la psicoterapeuta me cuenta medio en chino, medio en inglés lo que van a hacer. El mientras tanto calma la llantina con unas galletas de arroz, que le pirran. Después, ha reconocer objetos con un programa de ordenador y un libro que tiene en la portada una de sus frutas favoritas, la manzana - 苹果- Píngguǒ.
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Tres galletas y dos visitas al baño después bajamos con los demás niños, que ya están preparados para la siesta. Mientras bajamos tenemos que parar en todos los interruptores, le encantan. Pero creo que eso ya lo había dicho.

Jonas va a dormir y nosotros a comer. Hoy tenemos sopa de Dumplins. Está deliciosa. Esta tarde vamos a la estación de tren con Qi Rui mientras los bebes duermen, Queremos aprovechar para comprar los billetes que nos lleven a Beijing en el caso de en la mayoría y a Zhenzhou en el mío. Nos volvemos con las manos vacías porque hacía falta llevar el pasaporte y alguien no lo lleva. Por no hacer un ahora nosotros, ahora ellos acordamos hacerlo junto todos el día siguiente.
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De vuelta al orfanato los niños se van despertando poco a poco. Yo cojo un bebe y le doy de comer, con el permiso de cuidadora claro. 
Entre los bebes que se van despertando esta la peque a la que Moya ha rebautizado como Effie, el bebe que tengo en brazos, Buda Baby y un bebe que no tenía controlado esa mañana y que tiene una carita maravillosa. Pienso que puede que no me haya dado cuenta de que estaba, de que estuviese en el orfanarto en rehabilitación o que sea uno de los niños que juegan con los del programa de Gracie y estan en el orfanato, pero no doy ni una. La sorpresa es mayúscula cuando descubrimos que es el bebe que adoptaron el día anterior que devolvieron me nos de 24 horas después porque ‘No era lo que esperaban’. No se si el gobierno hará algo serio, pero debería. ¿Quién devuelve un bebe porque no es lo que esperaba? Para eso se hacen test, aquí mucho más exhaustivos que los que pasaron mis padres cuando fueron a por Mei.
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Llega la hora de la merienda y el bebe se ha dormido en mi regazo, una ricura. Tengo dos bebes rondando las piernas y a Alex  a mi alrededor. Dicen las niñeras que este peque de 4 años que te mira con desconfianza se está soltando conmigo. Mientras sea para bien, allá vamos.
Después de la merienda, jugamos en la piscina de bolas y el pequeño Buda, al que he rebautizado como Chien Po, el amigo guerrero fuertecito de Mulan, me vomita encima. No pasa nada, a Matt se lo ha hecho más veces. No tengo la exclusiva, pero dicen que trae suerte. Pues que venga, que venga la suerte. Ademas Malachi me invita a hacer acopio de juguetes en su lugar secreto: el círculo que hace con sus piernas.
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De vuelta al hotel, vamos con otro conductor que ni papa de inglés, acordamos vernos a las 19h para cenar en el restaurante del hotel. Hay siesta y ducha por el medio, con lavada de pantalón incluida, y conocimientos de chino en marcha porque el camarero que chapurreaba ingles no está.
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Las otras camareras sólo hablan en chino y en la tablet donde está el menú, pese a las fotos, todo está en chino. Consigo pedir brócoli, coles, fideos de arroz, arroz blanco y este bol de comida de ternera. Por cierto pica un montón, así que a la cama con el morro caliente y después de que Claire, haya conseguido una foto con la camarera, que se pone roja como la grana. Esto es China, señoras y señores y hoy ha tenido momentos mágicos. Mañana más.

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明天

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