miércoles, 8 de julio de 2015

Despedidas y shopping time

Llegó el día de la despedida. De nuestro grupo de 8, 7 seguían su camino a Beijing y yo me quedaba aquí una semana más. El sábado y el domingo eran días para mí, no tenía que ir al orfanato. Pero sola ¿dónde ir?. En la habitación del hotel hay un catalogo de las montañas Taihang -太行山- Tàiháng Shan y son una auténtica maravilla. De hecho, en una de ellas está ese desfiladero tallado en la roca por el que pasan los coches que suele estar incluído en los power points esos de lugares alucinantes que te mandan. Pero en el Hotel no ofertan ningún viaje turístico. Te remiten a la agencia de viajes que hay al otro lado de la calle y como que no me motiva demasiado.  Hablo con Qi Rui, que tiene unos amigos en la agencia de viajes, podría unirme a uno de sus grupos, pero tengo que hacer la mitad del viaje por mi cuenta. Tengo que coger varios autobuses y puedo hasta llegar por mi cuenta. La idea está ahí, dando vueltas.
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Acompañé a todos a la estación dentro de la furgoneta, luego había que coger un autobús justo al lado de la estación de tren. Vino a buscarnos el conductor del orfanato, pero esta vez tendríamos que ir más apretujados, porque vino su mujer, que comía no se qué snack mientras hacíamos el tetris con las maletas. Algo más apretados de lo normal, salimos.
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Al llegar a la estación cumplo ordenes de Mei y de mi madre. Foto con Moya y Claire. Luego el chofer me pide que le haga una foto con su movil a él y a su mujer. El chofer que hoy ha ido sin gafas ni guantes levanta sus dedos y hace el típico “eyyyyyyy”. Luego le pido que nos haga una a todos juntos antes de despedirnos.
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Después de las despedidas, los abrazos y los hasta pronto ellos van a su tren y yo a mi autobús. Para asegurarme pregunto en información, donde un chico me dice en primer lugar: ‘Beautiful Woman. American?’ Le digo que no, que vengo de España y ya está el lío montado, que si Messi, Ronaldo, el Barcelona, el Madrid… con lo fácil que hubiese sido decirle que si que era americana. Me confirma que mi autobús es el 66 y que tengo 40 minutos a la estación central y allí que voy yo en el autobús sonriendo y saludando a todo el mundo porque todos me miran, y yo soy como la oveja negra del rebaño.
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La estación central es un caos. Gente aquí y allá y por cierto, no hay viaje a Bali Gou -八里沟 - Bālǐgōu porque hay niebla. Pues muy bien. ¿Qué hago ahora? Pues Shopping.
Por el camino en autobús, me fui fijando en algunos sitios que ya había visitado, por lo que andando. La ropa de aquí, no me vale. Lo hable con Moya y coincidió conmigo en que a nada que seas un poco fuertecita vas lista. Pero lo que pasa es que chinos y chinas fuertecitos hay, ¿de dónde sacan la ropa? ¿A medida?
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Compré algunas chorraditas y un frasco de colonia que me costó 15 yuanes, uno euro y poco al cambio. No voy a desvelaros lo que compré porque algunas cosas son regalitos. Fui a la librería y después de comprar pan integral en la pastelería de las tartas del otro día, taxi y al hotel.
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Necesito viandas y estoy pensando en ir al Carrefour, pero de pronto empiezan a sonar cohetes y petardos, como cuando mi tío compraba las tracas en Valencia y las llevaba al pueblo en fiestas: rápidas, ruidosas y llamativas. Estas además dejan una estela de humos de colores, los veo desde la ventana de la habitación y me doy cuenta también que cuando el petardo estalla, salen paracaídas de papel rojo con tiras brillantes. Los niños corren a por ellos mientras alguien tira confeti rojo. Al bajar me doy cuenta de que es una boda.
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Rescato de entre los setos un par de paracaidistas de papel y me arriesgo a buscar una tienda en el barrio. Es imposible que no haya ninguna. No está muy lejos, creo que a no más de 5 minutos del hotel y es típica, típica. Cerca de la tienda, una mujer friega cacharros en la calle y otra tiene un puesto donde vende comida junto a un restaurante improvisado. Es demasiado picante, no se si mi estómago lo soportará.
En el supermercado, lo único refrigerado que hay son los helados y ni eso. Me compro uno y se derrite por momentos. Todo está en sus estantes. Y el arroz y las legumbres en el cajón, para comprar a peso.
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Después de pagar mi compra volví al hotel, pero vi a este hombre, ¿uno de los últimos restos de la China de antes?. Ordené mi minidespensa y estaba tan cansada que me quedé frita en la cama en torno a dos horas,  ¡Qué locura!
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Al despertame comí algo y seguí buscando cómo llegar a Bali Gou. Está a 50 km, pero con estas carreteras es como ir desde Bilbao a Castromocho, vamos unas dos horas y media.
La tarde pasa, se pone el sol y sigo trasteando en Internet. Hice la colada en el lavabo de la habitación, cené unos noodles instantaneos y a dormir, otra vez.

明天

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