sábado, 4 de julio de 2015

Un anillo de la suerte, un conductor mafioso y estrellitas en los ojos

Miércoles, tercer día de la semana que visitamos el orfanato. El conductor que nos lleva hoy es el mismo que nos trajo ayer. El de las gafas de sol, guantes blancos y que parece un mafioso de estos de una película de Chow Yun-fat. Lleva sandalias, guantes blancos de algodón que sólo se pone para conducir, gafas negras que no se quita para nada y pone música no se con qué porque tiene una blackberry a la que le llaman y contesta y la radio va apagada. Reconozco entre las canciones aquellas que nos pusieron en Beijing a Carol, a María y a mí en clase y que cantaba Teresa Teng, que en su día, había sido novia de Jackie Chan.
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Siguen las obras en la carretera, y un hombre que lleva ovejas en el motocarro si, habéis leído bien, ovejas en el motocarro se las ve y se las desea para pasar entre las filas de coches. Como para patentar esto en Castromocho ¿no?
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Finalmente llegamos al orfanato. De nuevo hace sol y calor, menos mal que dentro está acondicionado, porque si no los peques estarían sudando todo el día. Adam es el primero que viene a la puerta al vernos, lo que hace es tirarse a los brazos del primero que se descalza, porque para entrar en la sala de juegos hay que descalzarse. No es que quiera estar en brazos, que también, lo que él quiere es que le tomemos en brazos para estar más alto y coger el juguete de la balda de arriba antes que los demás.
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Como estamos a miércoles y la trouppe liderada por CMK sólo estará aquí hasta el viernes, empieza la redecoración del nido donde duermen los niños. Lo primero que hacen Matt, Claire y Jack es montar los móviles que se pondrán en las cunas de los bebes, que son las que están en el centro de la habitación. Nos repartimos para estar con los peques y montar los nuevos accesorios para las cunas.
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Meng Tian, la peque con labio fisurado de los ojos grandes se queda a mi cargo. Le doy el biberón y se queda dormida encima mío. Las āyí me dicen que la lleve a la cuna y como voy descalza me indican dos cajas con un dispositivo que automáticamente me pone bolsas azules como las de entrar en quirófano. Así que como diría la doctora Yang de ‘Anatomía de Grey’, estoy lista para operar. Los moviles están totalmente desmontados y Meng Tian, que está medio despierta, me mira con esos ojos tan grandes que parecen llenos de estrellitas, mientras los demás siguen su trabajo. En cuanto la dejo en la cuna, llora, supongo que es como todos los bebes, una vez en brazos ya no hay quien la baje de ahí.
Finalmente cae rendida y la meto en su cunita. Luego, mientras los demás terminan su labor, vuelvo con los demás peques.
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En el pasillo está Krista, con su hija Isabelle. Tiene en brazos un bebe de apenas días. Calculamos que no tendrá más de 5. Nos cuentan y enseñan que aún no se le ha caído el cordón umbilical y tiene las membranitas bajo los brazos. Es un niño que debió nacer el pasado viernes 26 de junio, pero como es pequeño y puede que prematuro, lo entregaron. Krista, y en el fondo creo que todos, desearíamos llevárnoslo.
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Es la hora de comer y hoy tenemos fideos de arroz, ensalada de verduras y gelatina y sopa de dumplins. Después de comer iremos a comprar nuestros billetes de tren, para el día en que nos vayamos a nuestro siguiente destino. El suyo será Beijing, el mío Zhengzhou. Nos acompaña Qi Rui y la cuidadora que come cada día con nosotras. No se si es su ayudante o una espía de la dirección. Nos acompañan porque después iremos a hacer unas compras. Los más jóvenes de la expedición lo estaban deseando. Qi Rui me dice que podremos comprar mi anillo.
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El primer día le dije a Qi Rui que llevaba un anillo muy bonito y ella me comentó que si quería uno, me acompañaría a hacerlo. Primero había que ir a una joyería a escoger la pieza de oro que lleva y luego lo haríamos en un sitio rápido y barato. Ella se lo hizo allí hace cuatro años y aún le dura, así que hagámosle caso.

Antes de ir a la joyería paramos en una tienda llamada Sanfu, es tipo Pimkie o Berska. Compro unas sandalias divinas por 4 euros. Son las mismas, aunque en otro color, que estuve a punto de comprar antes de venir. Allí las vendían por 30 euros.
Compro las sandalias, unas orquillas para el pelo y a la salida Matt y Jack han sido secuestrados por un grupo de chicas. Es el cumpleaños de la que lleva la gran caja con el pastel en la mano y pide hacerse una foto con ellos como regalo, pero claro esto se convierte en un photocall. Después vamos a por mi pieza de oro y de seguido al mercado que hay en unas galerías subterráneas. Es como las que había en Shanghai. Allí nos disgregamos. Unos por un lado, otros por el otro. Qi Rui me acompaña donde la mujer que trenzará, hilará y montará mi anillo en ¡¡3 minutos!!.
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Esta galería es interminable, pero estamos cansado y no encontramos lo que queremos, necesitamos algo frio de beber, hace mucho calor, y descansar. La decisión es unánime: Volvemos al hotel, pero antes paramos en una de esas pastelerías a lo francesa que proliferan como setas. Compro un te de frutos rojos riquísimo, con una botella genial reutilizable, y un bollo. Todo por menos de 3 euros. Mientras tanto vemos trabajar a los pasteleros, que nos dan a probar una muestra y vemos algunos de sus trabajos, ciertamente curiosos.




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En el hotel, siesting time, pero hoy saldremos a las 18:45 a cenar porque vamos a ir a un restaurante de Hot Pot, el Little Lamb. Es de la misma cadena del que visité con Andi en Shanghai y donde comimos genial.
Allí el camarero en ingles sólo sabe decir Hello, Hi, Sorry y Welcome, toca hacer de interprete pero la carta está toda en hanzi y no hay dibujos de los platos. De nuevo “Pleco it`s my friend’. Nos dan una de las salas grandes, somos 8 y extranjeros y dejan la puerta abierta para que todos nos vean y sí, consigo pedir. ¡Qué cosas más ricas!.
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Cada uno tenemos nuestra olla y vamos cociendo ahí nuestras cositas. Es un poco el plato de Dianjiang o la Olla Mongol, pero siguiendo el concepto de cadena de restaurantes a lo McDonalds con su ovejita sonriente como logo.
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Al ir a marcharnos el camarero nos pide una foto, dice que somos los primeros extranjeros -老外- Lǎowài que visitamos el restaurante. El encargado sale corriendo y se marcha un photobomb, a lo Benedict Cumberbatch en la alfombra roja de los Oscar.
Despues de la cena volvemos al hotel, en Taxi. La noche en China está viva y no cesa nunca.
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Por cierto, no os he enseñado mi anillo, quedó genial ¿verdad? Qi Rui dice que es un anillo de la buena suerte. Pues que venga la suerte, que venga, que nunca sobra.
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明天

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