martes, 16 de febrero de 2016

Amsterdam - Shanghai

El despegue desde Bilbao estuvo marcado por las turbulencias, el aterrizaje en Amsterdam fue perfecto, ni siquiera notamos que el avión tomaba tierra, aún así llegábamos con 40 minutos de retraso por lo que los miembros de la tripulación alertó de que algunos pasajeros habían perdido sus conexiones, que a otros les esperaban y que los había con suerte, como yo, que llegábamos bien aunque sería necesario darse algo de prisa, o lo que es lo mismo correr por el aeropuerto. Después de mis dos últimas experiencias, creo que si Carreras por Aeropuertos fuese disciplina olímpica podría presentarme y no quedaría mal. Diploma olímpico seguro que me llevaba.
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Al llegar al control de pasaportes, un oficial grande y barbudo me dice en perfecto castellano "Buenas tardes, gracias y Feliz vuelo". Miro su chapa y se llama ¡Manuel!. Tengo que encontrar la puerta F6 que está a 10 minutos andando por el aeropuerto, un aeropuerto en obras y plagado de carteles que apuntan a muchos sitios y al mismo tiempo no apuntan a ninguno. ¿Conclusión? Correr.
Finalmente ego bien de tiempo, justo cuando empieza el embarque. Me da tiempo hasta de hacer alguna que otra foto y mirar si hay WIFI para avisar que voy bien en os vuelos tanto a casa como a China, pero ¡Oh Sorpresa!, el WIFI es de pago. 1,95€ por 15 minutos,
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El avión es enorme, de dos pisos. Los VIP arriba, el pueblo llano abajo. Nunca habia volado en uno de esos. Asiento 41F, ventana y a mi lado dos italianas, una de ellas ya augura que es especialmente ruidosa, y hasta ahí puedo decir de momento.
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9.345 kilómetros hasta Shanghai, esa es la distancia que me separa desde mi asiento 41F en el vuelo de KLM a punto de despegar, hasta Shanghai. Lo informan en la pantalla del asiento del avión así que habrá que hacerle caso. En el ascenso, mi compañera italiana se me tira encima y da grititos, Quiere mirar por la ventana y se carga el juego de auriculares del avión. Mientras ella pide otros yo sigo atenta a la tele donde la filosofía azulejo sigue presente hasta para dar las pautas de seguridad del vuelo.
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Como tentempié nos dan cacahuetes y yo pido una Coca Cola Zero, las italianas empiezan fuerte y piden vino. Les traen unas botellitas de vino de Sudáfrica y ellas empiezan a hacerse selfies, a brindar y que se yo. Quiero desconectar y trasteo en la tele del asiento. Esta 'JOBS' de mi adorado Michael Fassbender de modo que Play y a pasar de las mozas, aunque antes veo un capitulo de 'Modern Family', el 5x01 en el que Claire regala a Phil como regalo de aniversario una actuación de acróbatas chinos.
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Llega el momento de la cena y las italianas ya están un poco puestas, llevan dos o tres botellas cada una y encima hay un chino sentado más adelante que es amigo de ellas y vienen a beber todo juntos. Después nos pasan los papelitos de rellenar para la aduana y la señora no se aclara, se llama Benedetta y está algo contenta. Después de ayudarle a rellenar el documento veo la peli y me intento dormir pero ella sigue bebiendo, pidiendo más vino. Se mueve, no calla, no duerme y protesta cuando la azafata apaga las luces y se niega a darle más. ¡Menuda nochecita me espera!
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Al final, no recuerdo a que hora, Benedetta se durmió hasta que a as 5:30 a.m. encendieron de nuevo las luces y el avión empezó a desperezarse. Se me ocurre mirar por la ventana y ahí están las montañas de China nevadas. Mientras, Benedetta se ha levantado de nuevo, baja su equipaje de mano y empieza a guardar las botellitas de vino y a sacar ropa. Se va a cambiar en el avión, en medio del pasillo. A la hora de traer el desayuno la azafata se ha mosqueado con ellas y ya no les tolera ni una. Hasta las manda callar cuando empieza el descenso y ella empieza a gritar Oh Dio!!! Nos vamos a estrellar.
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Ya en tierra recojo la maleta y voy a buscar a Garazi y Olatz, mis compañeras y amigas de máster que llevan aquí tres meses. Nos encontramos en el aeropuerto que está lleno de monos, vamos al metro, del metro a casa, de casa a hacer la compra y luego cenamos.
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Por cierto, soy una más de la familia porque cumplo una serie de requisitos que hace que las cuatro participantes del máster que hemos pasado por esta casa sean especiales.
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Queremos ver fuegos artificiales, pero en el centro de Shanghai está prohibido. Dicen que hay que coger el metro y llegar hasta la última parada de cualquier linea para ver fuegos artificiales, pero por la contaminación, No hay. Vemos dos sueltos que salen a lo lejos, pero nada más, así que volvemos a casa. El día ha sido largo y mañana el Año nuevo promete. Buenas Noches y a dormir.
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domingo, 14 de febrero de 2016

¡Me vuelvo a China!

Tengo pendientes, como siempre, entradas anteriores. Quedan algunas del orfanato, pero ahora que por ciencia infusa el VPN ha decidido funcionar, aquí estoy para postear desde Shanghai lo que mis dedos puedan teclear, o el VPN tolere, porque aquí sin VPN Google, Facebook y Gmail van poco y mal o simplemente, no van.
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Tras venir a estudiar 汉语(Hànyǔ - chino) en dos ocasiones y ser voluntaria en el orfanato el pasado verano, en esta ocasión el viaje mezcla ocio, trabajo y no voy a negarlo, algo de magia, porque estos días en China se celebra el Año Nuevo Chino, que es además el año del Mono de Fuego (猴火的一年 - Hóu Huǒ de yī nián).
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Cuando las cosas empezaron a ponerse feas en el trabajo, tomé la decisión de iniciar el Master de Estudios Chinos de la UPV/EHU junto a la escuela de chino LuXun, donde Mei, Soldado y yo misma estudiamos el idioma. En el master conocí a un grupo de gente fantástica y todos teníamos nuestra propia versión de China. Algunos viajaron a China por primera vez, otros volvimos y a día de hoy, el pequeño reducto de irreductibles chinaos de la clase 21 del sótano de la Universidad de Elcano tiene una gran relación, hasta el punto de viajar juntos.
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Al igual que la primera vez que vine a Shanghai, hace ya cuatro años, el avión no sale de madrugada, lo hace de tarde y esto implica ver a Mei ponerse triste. La pequeña princesa no está demasiado conforme con el hecho de que yo viaje a China de nuevo, de modo que le cedo mi Totoro de peluche para que me lo cuide y le prometo WhatsApp, We Chat o llamadas vía Skype. Es casi mejor que no venga al aeropuerto a despedirme.
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Después de preparar mi maleta, que incluyen 18,7 kilos en ropa y unas botas, Padre y Soldado me llevan al aeropuerto donde ¡Oh Sorpresa!el avión sale con media hora de retraso, aunque ellos afirman que llegaré bien a Amsterdam, de donde sale el siguiente avión.
Hacemos tiempo esperando en la cafetería hasta que a las 17:35 me dicen que ya puedo embarcar. Besos, selfie y no acostumbrarse que vuelvo en 15 días.
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Esta vez vuelo con KLM, la compañía holandesa equivalente a Iberia, y ya os digo que en mi vuelo hay muchos chinos que tal vez vengan conmigo a Shanghai. El embarque es rápido. Me toca ventana, asiento 16F y a mi lado un holandés que me pide la revista del avión, el no tiene, con un marcado "¿Puedo leer ese tu libro?". Son las 18:20 y comenzamos el ascenso.
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El aeropuerto de destino es Schipol, dicen que es de los mas bonitos de Europa, pero como vamos con retraso, no lo podré ver hasta el 22 de febrero, cuando tenga 3 horas de escala a mi regreso a casa.
Ya se que según llegue hay que buscar la puerta F6 y que me encontraré una oda a Holanda con ceramica, molinos, tulipanes y zuecos, igual que el tentempié del avión. La caja es tan bonita que da miedo romperla y tiene ese mensaje tan curioso "Vacas felices, mejor leche".
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Un asiento más allá, una chica ve el primer capítulo de la tercera temporada de 'Downton Abbey', ese en el que Lady Mary y Matthew se casan. Todo tan bonito y luego la acabaste con aquella tragedia "No te lo perdonaré jamás Julian Fellowes".
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Nos habían anunciado turbulencias, parece que nos hemos librado, aunque la cancelación de vuelos a Paris y Estambul nos había asustado.
Por cierto, en la revista del avión hablan de las conexiones de KLM, del cuadro de Mondriani que tanto "gusta" a mi madre y del Año Nuevo Chino, que ilustran con una imagen de mi próximo destino: Shanghai.
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