miércoles, 23 de marzo de 2016

Vivir el Año Nuevo Chino, en China

8 de Febrero, oficialmente empieza el Año Nuevo Chino o la fiesta de la Primavera, según se mire. Según su cronología, para los chinos el nuevo año será el 4.714 y terminará el 27 de enero de  2017. Juegan con esas fechas porque ellos se basan por el calendario lunar. La primera luna nueva del primer día del nuevo año y los festejos y celebraciones duran 15 días, o lo que es lo mismo, hasta la luna llena que llega 15 días después. Es entonces cuando la primavera (春天 Chūntiān) llega a este gran país.
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Estando como estámos en China decidimos vivir el año nuevo como cualquier chino residente en Shanghai en estos días. Eso incluye visita a un templo y a los jardines del Yu. Nos decantámos por el templo de Lonhua, que yo ya visité durante mi anterior estancia en Shanghai. Es el templo más grande y antiguo de la ciudad y lo recordaba espectacular, con su pagoda de más de 40 metros de alto y sus esculturas doradas. Pero no esperaba para nada ver lo que vi, colas. Largas colas de gente esperando para entrar en el templo a honrar a sus muertos y pedir a Buda por su salud, su trabajo, su vida, el amor, la familia. El ejercito se encarga de que todo este bien ordenado, sin percances. Creo que somos las tres únicas extranjeras (老外 lǎowài) presentes en la fila y mientras esperamos para entrar, más de tres cuartos de hora, circulamos ordenadamente entre vallas y soldados que hacen el cambio de guardia.
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Según nos vamos acercando a la entrada, poco a poco encontramos farolillos rojos y carteles que indican que el año nuevo ya ha llegado. No se si alguna vez habéis estado en un templo budista, pero lo primero que se hace es encender el incienso y rezar a Buda, esto hizo que la entrada al templo fuese una especie de nube de humo e incienso que nos envolvió y no nos dejaba ver nada.
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La gente se agolpaba nada más entrar en torno a las piras para encender el incienso o comprar las peticiones y bendiciones que dedicar a cada uno de los dioses. Entre tanto humo pasamos de la primera de las estancias y llegamos a un patio en el que la gente se afanaba en introducir monedas en el interior de una enorme anfora de metal, ahora no recuerdo su nombre. hay que meterla o que pase de lado a lado. Olatz lo Intentó y lo consiguió por tanto, buena suerte.
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Recorrimos los pasillos y galerias decdorados con los farolillos rojos y visitamos estancias como la de los 500 arhats, la zona de la campana y el tambor, la sala donde se honra a los difuntos llevándoles comida por el año nuevo y el arbol de las peticiones.
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Nosotras compramos la que decía trabajo, fortuna, salud y amor y en ella escribimos nuestros nombres. Para colgarla, trepé por primera vez en este viaje.
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Había mucha, mucha gente y al final después de ver algunas curiosidades como la de una estatua sosteniendo una réplica de un smartphone salímos a un patio en el que vendían dulces típicos de año nuevo. Teníamos hambre y nos compramos unas tortas de sesamo que recuerdo estaban bien ricas. Tras andar un poco localizamos un restaurante donde comimos ternera, arroz y unas verduras y como viene siendo habitual hicimos las delicias del público allí presente porque turistas/blanquitas/extranjeras/老外/Lǎowài vimos muy pocas.
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Mientras recargabamos pilas en el comedor ya pensabamos en la siguiente parada...

Continuará


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