viernes, 14 de octubre de 2016

Melocotones de la China

Seguro que alguna vez habéis escuchado eso de ‘Naranjas de la China’, lo que tal vez desconozcáis es que aunque este cítrico es popular en China, la partida se la gana, y de lejos, el melocotón (/táo) una fruta con una gran simbología desde hace siglos y que a día de hoy sigue teniendo gran importancia hasta el punto de existir un corte de pelo que emula su forma de corazón.

Para los chinos el melocotón es la fruta de la inmortalidad y, como en la mayoría de los casos, todo tiene una explicación que en ocasiones se remonta a una leyenda. La de esta fruta está asociada a la figura de Xi Wangmu (西王母también conocida como la Reina Madre del Oeste, un personaje de la mitología china que durante la dinastía Han pasó a ser una deidad taoísta.


Xi Wangmu vive en un palacio de Jade donde crecen las hierbas de la inmortalidad y los peces de larga vida que se localiza en el cielo que cubre la cordillera de Kunlun, en la zona occidental de China y sus historia están documentadas a partir del siglo IV a.C. en tiempos de la dinastía Zhou, evolucionando durante la Han. Fue entontes cuando su imagen se suavizó convirtiéndola en una mujer noble y benevolente que ayudaba a los humanos a descubrir la inmortalidad invitándoles a comer los melocotones de la inmortalidad que crecían en su jardín, y será esta historia con la que nos quedaremos.

La leyenda cuenta cómo Xi Wangmu recitaba poesía en un huerto cercano a su palacio en el que crecían melocotoneros, pero los árboles sólo florecían cada 3.000 años y necesitaban otros 3.000 para madurar, de ahí que se considere al melocotón como el fruto de la longevidad y fuente de la eterna juventud.

En los templos es costumbre ofrecer a Buda y a los diferentes dioses melocotones, y no es extraño encontrar en los hogares chinos una estatua de Shou, el dios de la longevidad, que porta en su mano uno de los famosos melocotones rosados de la leyenda de la Reina Madre del Oeste. El melocotonero es un símbolo de poder en China. Los antiguos guerreros elaboraban con su madera sus armas, ya que se dice que puede alejar el mal y con los pétalos de sus flores, la magia taoísta elabora una poción muy eficaz en cuestiones de amor.

La emperatriz Cixi mandó construir en el Palacio de Verano de Beijing un lago con forma de melocotón, el lago Kunming, que se localiza junto a la Colina de la Longevidad. Cada día la emperatriz recorría el corredor de 750 metros que discurre a orillas del lago para tomar te, en ocasiones de flor de melocotón, en el barco de mármol y madera que ella misma ordenó construir para tal fin.

Tanta es la importancia del melocotón en China que a los niños menores de edad se les suele cortar el pelo con forma de melocotón, buscando esa protección y longevidad que proporcionaban los melocotones del huerto de Xi Wangmu.

El pasado año, durante mi voluntariado en el orfanato de Xinjiang descubrí una bonita tradición de las Ayi/cuidadoras de estos peques, y era la de darles trozos de melocotón para merendar deseando con ello una buena y larga vida que les lleve hasta sus padres, que antes o después, irán a buscarles
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Publicado Revista AFAC. Octubre 2016

jueves, 13 de octubre de 2016

Llegó el Otoño / 它来了秋天

Hemos despedido el verano y ha llegado el otoño. Nuestros peques vuelven poco a poco a la normalidad, y nosotros también. El pasado 22 de septiembre dábamos la bienvenida a la nueva estación, pero en China lo hicieron un poquito antes, el 15 de septiembre, coincidiendo con la octava luna llena del año según su calendario.
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Ese día es el Festival del Medio Otoño o Festival de la Luna, una fiesta que se celebra desde la antigüedad y que en sus orígenes era la manera que tenia el Emperador, junto a todo su pueblo, de dar gracias por las buenas cosechas de arroz. Como cada fiesta en China, es costumbre celebrarlo en familia siguiendo el dicho “Cuando la luna es llena, la humanidad es una” y principalmente se pide a los dioses por la salud, el dinero y el amor.

Durante el Festival se degusta un dulce conocido como Yuebing o Pastel de Luna. Estos pastelitos, redondos o rectangulares, parecen finas obras de arte por su aspecto de haber sido tallados. De unos 10 centímetros de diámetro y unos 4-5 de espesor, su relleno suele estar realizado con pasta de semilla de loto o judía dulce rodeada por una fina corteza. Pueden ser totalmente dulces o con una sorpresa salada en su interior realizada con una yema de huevo de pato en salazón. Normalmente se degustan solo durante la celebración de esta fiesta y acompañados de té chino.

Tenemos la tradición, la fecha, el dulce típico y nos falta la leyenda, que también la hay, relacionada con el Festival. Es la historia de Chang E, una doncella que conoció al arquero Yi en las montañas mientras él cazaba. Se enamoraron y pronto se casaron bajo un laurel. Tras casarse, su vida era muy feliz y el esposo deseaba vivir así para siempre. Para conseguirlo Yi acudió a la Diosa del Cielo que les regaló el elixir de la inmortalidad, solo para dos personas. Pero la Diosa advirtió al esposo que si uno de los dos lo bebía al completo, volaría hacia el cielo y se convertiría en un Dios.

Cuando regreso a su casa, entregó a Chang E la poción para que la custodiara, pero un día aprovechando la ausencia de Yi, uno de sus alumnos trató de robar el brebaje y viendo la joven que no podría vencerle se lo bebió para protegerlo. En ese momento su cuerpo voló hacia el cielo. Como no quería dejar a su amado, la doncella consiguió parar en la luna y desde allí seguir cuidandole, con la única compañía de un conejito blanco que vivía en el satélite.

Hay otra versión de la historia, menos romántica. En ella Chang E tomó el elixir por su cuenta para ser una Diosa, pero no consiguió la felicidad ya que vive sola en el Palacio de la Luna acompañada de ese mismo conejo, que en esta ocasión prepara elixires.
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Publicado en AFAC. Octubre 2016