jueves, 9 de julio de 2015

Y Tàiyán se fue a la montaña

Dice mi padre que soy un poco como mi abuela, que falleció 5 días antes de empezar este viaje. Ella era fuerte, cabezona y si había que hacer algo, se hacía. Pienso mucho en ella estos días, y creo que lo que hice el domingo me hace digna sucesora de su cabezonería. Me explico.
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Para empezar me desperté a las 7:30, como todos los días, pero no por gusto. Me sonó una alerta del móvil de alguien que había llamado mientras yo dormía. Supongo que desconocía que me encontraba en la otra punta del mundo, así que mejor no coger porque podría haber sido algo muy gracioso y caro. Como ya estaba despierta, mandé un WhatsApp a mi madre para darle las buenas noche, aquí son 6 horas más y cuando yo me levanto, ella se suele acostar. Después me volví a dormir hasta las 9:30. Tarde para el desayuno, pero en el hotel tengo mi propia despensa, que se está agotando. Sobre las 10 bajo y pregunto a la mujer de administración por  Bali Gou -八里沟 – Bālǐgōu.
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Me dice que he de coger un taxi a la estación de autobuses y de allí otro a Huixian. La mujer de la taquilla es un encanto y habla con el chofer. Le dice que en los 30 kilómetros de trayecto, unos 50 minutos, no me pierda de vista. El cumple y no me pierden de vista ni él, ni el resto de pasajeros.
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Llegamos a Huixian y la mía es la última parada. Justo tengo la parada a Bali Gou enfrente y los responsables del trayecto y venta de billetes ( 10 yuanes, aquí  rozamos ya el euro), me invitan a sentarme con ellos y otros vendedores ambulantes de la zona. Ellos se conocen entre todos y allí esperamos a que venga el minibus que sube a Bali Gou. Esperamos unos 15 minutos y cuando el autobús aparece la de los tickets le dice que me cuide, pero todos me miran en plan “Hay una laowai en el autobús, ¿qué hacemos? "Consejo de madre: sonreír y saludar.
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Vamos subiendo y subiendo la montaña y pienso en las montañas de Mei. Supongo que serán así. Entre una cosa y la otra, para subir tardamos una hora pero creedme que merece la pena. La entrada a esta zona de las montañas cuesta 70 yuanes (unos 7 euros) y como es la zona de los lagos, se ha convertido en una especie de parque acuatico. También hay una reserva de macacos y una gran cascada, pero hoy hay mucha gente y no se puede subir. No pasa nada, ya tengo excusa para volver.
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El paisaje es precioso, como los que vemos en las película o en ‘Kung Fu’, a fin de cuentas, el monasterio Shaolin está relativamente cerca y recalco lo de relativamente. En la entrada está la losa de la longevidad y la justicia, todo el mundo se hace una foto ahí, y yo no voy a ser menos ¿verdad? Por los altavoces, a todo volumen la banda sonora de AVATAR y hay unas escaleras que incitan a trepar. Adoro trepar en China, bien lo sabéis. Arriba hay unas cuantas gallinas y una casa cerrada aunque parece que habitada. Puede que sea la casa del guardia del parque, pero no quiero molestar. Hecho un par de fotos y vuelvo al recorrido que sigue el resto de la gente que por cierto, está plagado de mariposas negras moteadas y libélulas de colores brillantes.
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Según el catálogo de las montañas que hay en la habitación hay unas piedras curiosas que forman una cascada y me propuse verlas desde un principio así que a subir toca. La primera parada es la que permite meter los pies en el agua, pero NO salpicar. Pies a dentro y agua fresquita. Me doy cuenta de que los niños llevan redecillas para cazar mariposas o pececillos entre las rocas. Después de refrescarme, sigue la ascensión.
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Subo y subo, paso por un puente de madera, tipo el de ‘Indiana Jones y el templo maldito’, la aventura empezaba en Shangai por cierto, empiezan los carteles de alerta No nadar, zona profunda. De trepar no dice nada, pero si que hay un puente de piedra, con agua a un lado y otro que te motivan y entonces, llego a la cascada. Hay mucha gente haciéndose fotos, así que me haré las fotos a la vuelta, porque subo un poco más, hasta donde empiezan los recorridos en balsa neumática. Caen por rápidos, reman, gritan, se quedan atascados, un show.
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Dice la web de Bali Gou que este es un lugar óptimo para disfrutar de la naturaleza y respirar aire puro, y si que lo es.
Empiezo a bajar, son las 15 y pretendo coger el bus de vuelta de las 16h. La cascada esta libre, allá que voy. De cerca es realmente mejor que de lejos. ¡Qué maravilla! Me hago unas cuantas fotos y sigo el descenso, a lo tonto he subido bastante.
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Aún sin salir, junto a la puerta un anciano vende raíces y hongos y otro melocotones ¿serán los residentes de la casa que he visto antes?.
Ya fuera, más puestos. De comida, de recuerdos, de plantas medicinales… Hago fotos, alguna comprilla y me cojo un helado, de soja, pero un helado A la hora de coger el autobús me reconoce el chofer, es el mismo que me ha traído, y europeos o extranjeros no he visto ninguno de modo que sí, habla conmigo.
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Para bajar, el autobús va como una lata de sardinas. Quién haya hecho el Bilbao - UPV a medio día sabe de qué hablo, y encima tenemos movida. Al llegar de las primeras he tenido suerte y he cogido sitio, pero en las paradas de después, que las hay, suben tres mujeres que la lían parda. Ellas quieren su sitio, en el que se sientan siempre, y una pareja de enamorados les ha quitado el sitio, así que empiezan a gritarles que se levanten. El chófer pasa, debe conocerlas, y gritan hasta que se duermen y no es coña.
Tardamos una hora en volver a Huixian. Ahora tengo que coger el autobús a Xinxiang y Oh Dios Mio, las chonis liantas vienen conmigo, no veas como corren las señoras para pillar sitio, luego vuelven a dormirse y así, una hora hasta Xinxiang. 
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De la estación tengo que buscar un taxi a hotel, pero antes veo un puesto en la calle. Venden Xiao Long Bao y fideos.. En el master hemos hablado de los peligros e la comida de la calle, pero está buenísimo y me encanta el riesgo.
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Al llegar al hotel, ducha, cena y a dormir que el lunes los peques son todos míos, por cierto, he superado la prueba, Tàiyán fue a la montaña y demostró ser tan cabezona como su Nǎinai -奶奶 – abuela paterna. A fin de cuentas, así me llama Mei.

明天

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